lunes, 5 de abril de 2010

LAS PROPIEDADES TERAPEUTICAS DEL AJO



Todas las grandes civilizaciones tuvieron en cuenta las muchas virtudes del ajo; egipcios, hebreos, sumerios, griegos y romanos entre otros pueblos, lo consideraron muy útil tanto como alimento como medicina para el cuerpo.
Hoy se sabe, con los medios actuales, que el ajo es una fuente excepcional de vitaminas A, B1, B2, B3, C y E. Contiene además, carbohidratos, proteínas, fósforo, fibra, calcio, hierro y calcio. Es también rico en selenio y germanio.
En los años 40 del pasado siglo, el doctor suizo Arthur Stoll, ganador del premio Nobel, dió a conocer el principal componete del ajo: una sustancia llamada aliina, de la que deriva la alicina, con poder bactericida, y cerca de cien compuestos diferentes. El ajo inhibe el crecimiento de los estafilococos, los estreptococos y las bacterias causantes de la disentería y el tifus; destruye las bacterias patógenas en los intestinos sin dañar la flora natural que interviene en la digestión.

Con respecto a la sangre es anticoagulante, vasodilatador y depurador, reduce el nivel de grasas y de colestero, ayuda en la hipertensión, protegiendo al mismo tiempo al corazón y las arterias dándoles mayor flexibilidad y manteniéndolos libres de depósitos de colesterol. Ayuda a combatir un buen número de hongos, virus y bacterias. Purifica las mucosas pulmones, nariz y garganta. Es un estupendo germinicida. Es antiinflamatorio.

En suma el ajo es un alimento terapéutico inocuo y tras su ingesta nunca se han observado efectos negativos para la salud. Casi todas las tradiciones culinarias europeas incluyen el ajo como ingrediente esencial en muchos de sus platos. Este uso es perticularmente abundante en las cocinas mediterráneas y de entre ellas, la españ